Propósitos de año nuevo

Estamos a pocos días de iniciar el 2019. Absolutamente nada cambia entre el 31 de diciembre de 2018 y el 1o de enero de 2019. En ese sentido, el cambio de año no es más que un tema arbitrariamente fijado por el hombre. Sin embargo, históricamente siempre hemos visto ese cambio de año no como un día más y ya. Sino que lo hemos visto como la oportunidad de empezar de nuevo. Desde el new year, new look hasta los propósitos más profundos como visitar más a la familia o decir más seguido te amo. Claro, sin olvidar la dieta, el cigarro o el ya clásico a las primeras cinco personas que comenten les invitaré un café durante el año (¿alguien en la historia de las redes sociales ha cumplido esto?).
Insisto en lo arbitrario de la fecha no por mera necedad. En verdad creo que debemos poner el año nuevo en su debida proporción. La dieta se puede empezar el martes y los propósitos se pueden empezar a cumplir desde hoy o en febrero. El 1º de enero ¿qué? En ese sentido, creo que vale la pena que, sean cuales sean los propósitos que nos fijemos para 2019, seamos muy conscientes de que ese ánimo que sentimos ahora se acaba antes de que acabe enero. El ánimo de cumplir buenos deseos no es suficiente para cumplirlos.
Yo, por ejemplo, cumplo años a finales de noviembre. Entonces mis propósitos de año nuevo más o menos coinciden con algunos propósitos o metas que a veces me pongo cuando cumplo años. Un propósito que cada que cumplo años me pongo es felicitar a mis amigos y conocidos en sus cumpleaños. Como pueden imaginar, ese propósito nace de lo bonito que se siente recibir felicitaciones. Pero cada año mi propósito no pasa de enero (a veces no pasa ni de diciembre) y vuelvo a dejar de felicitar a la gente. El ánimo de cumplir ese propósito, nunca ha sido suficiente para cumplirlo.
¿A dónde voy con este mensaje tan pesimista? A que debemos buscar un motivo más trascendente para cumplir los propósitos que el solo hecho de tener ánimo de hacerlo o el solo hecho de querer recibir con todo este 2019. Conforme he avanzado en la vida de la fe (no he avanzado mucho…) he ido aprendiendo a que hay que hacer las cosas buenas precisamente porque son buenas. No debo hacer lo correcto porque me haga sentir bien, tampoco porque haga sentir bien al otro. Ni siquiera porque me den ganas de hacerlo. Debo hacer el bien, porque el bien siempre debe hacerse. Y ya.
Quizá a esto se refería Cristo cuando dijo que buscáramos primero Su Reino y Su Justicia. Ya todo lo demás llegaría por añadidura. Su reino es un reino de paz y de bondad. Hay que hacer lo bueno porque eso es su reino y nada más. Lo demás es lo de menos.
¿Qué puede ser, entonces, esa motivación para cumplir mis propósitos este año? Buscar el Reino de Dios.
Un buen primer paso quizá sea redefinir nuestros propósitos: escojamos propósitos que vayan en la línea de buscar el Reino de Dios. No significa solamente proponernos ir más a misa (¡que sería excelente!). Casi todos los propósitos que nos pongamos se alinean a esta búsqueda (unos más, otros menos). Bueno, redefinamos nuestros propósitos para que todos tiendan a buscar el Reino de Dios.
Lo segundo (y más difícil) es cambiar la motivación, de querer cumplir los propósitos porque qué padre cumplirlos, a querer cumplirlos porque es lo correcto, porque estoy buscando el Reino de Dios. Obviamente, suena bien, muy filosófico pero poco práctico. En el día a día significa dejar de pensar en sentirte bien. Sentirte bien, en verdad, es lo de menos. Sentirse bien está overrated. Es de las cosas que odio de la generación millennial (yo soy millennial): si te hace sentir bien, hazlo. Si te hace sentir bien, es que es bueno. NO.
Cumplamos nuestros propósitos porque esos propósitos son buenos. No porque cumplirlos nos haga sentir bien. Yo voy a tratar de cumplir mis propósitos (incluyendo felicitar más en los cumpleaños) porque sé que el Reino de Dios es de paz y una felicitación siempre alegra y la alegría abre el camino a la paz.
¡Feliz año!
T X T J